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(mi) Ética blogueril

Mi inicio en el camino del mundo blogueril no es ni muy lejano ni muy cercano. Allá por enero del 2005 escribí mi primera entrada en Dailycosas y desde entonces he tenido mis altibajos. Al principio se trataba de intentar dar salida a mi geekismo y frikismo incipiente  sin más, pero poco a poco he ido rumiando unos principios que, en ocasiones, me impide publicar más a menudo.

En primer lugar está el problema de los contextos.

Los que me conocen en persona saben que suelo compartir con los demás mis puntos de vista. Es más, los que me conocen de verdad y han cazado ya mis puntos débiles, sabrán que muchas veces defiendo posturas extremas solo por el placer de discutir hasta un punto que ralla el bocarranismo*. Bueno, eso y que también puedo ser un poco retorcido, lo admito.

En cualquier caso, no es lo mismo hablar y discutir caña en mano, con contacto ocular directo, escuchando las expresiones faciales, leyendo labios, palpando las palabras, interpretando pausas y miradas y sintiendo la tensión de la conversación, que expresar opiniones en un canal cuasi-unidireccional y bastante frío como un blog. Al menos yo no soy capaz de darle a mis artículos esa dimensión. Seguro que otros más hábiles sí que pueden.

En segundo lugar está la posición en la que alguien puede creer que está para llegar a afirmar algo.

No me gusta el Taoismo porque me parece una manera muy cínica de enfrentarse a la realidad, pero reconozco que las posibles implicaciones de una acción o unas palabras son muy difíciles, si no imposibles, de evaluar. Muchas veces planteo a otros ideas que en mi mente suenan estupendamente bien pero que después necesito matizar durante minutos por lo que normalmente intento destilar, condensar y simplificar las ideas antes de decirlas. Esto pone nervioso a más de uno.

En tercer lugar está el enfoque de un blog: ¿Uno escribe para si mismo o para sus lectores?

He reflexionado muchísimo sobre este tema durante estos años y, aunque esto no me da ninguna autoridad para afirmar nada al respecto (ahí van dos falacias, para el que sepa cómo analizar un texto) creo que si uno se plantea un blog para si mismo, lo que debería obtener es un sistema de organización de notas puro y duro con una lista de ideas, reflexiones, experiencias vividas, etc. Me resulta muy difícil creer que cualquier cosa más elaborada no esté dirigida, aunque sea inconscientemente, a los demás. El ego es una perra y nos la juega a la mínima que bajamos la guardia.

Cuando un blog está escrito para sus visitantes (sean éstos el autor u otros), es inevitable traspasar la barrera de la pantalla y formar una imagen de ti mismo en la mente del lector de modo que cada palabra usada sirve para configurar esa imagen. A mi esto me preocupa mucho, porque significa que este blog es un espejo que contiene mi reflejo y, a priori, no sé quien está mirando. Puede ser un familiar, un amigo, un inspector de hacienda, un empleador, un inversor, un jefe…

Por mi manera de ser, mi postura antes estas tres cuestiones es la que me impide muchas veces escribir lo primero que pasa por mi cabeza.

Muchas veces empiezo a escribir algo y me pregunto “¿esto a quién coño le importa?”, “bueno, pero es que también puede pasar lo contrario” o “¿quién soy yo para decirle esto a la gente?”. No puedo evitar imaginarme a mi mismo de pie encima de una caja de madera, en pleno Boulevard donostiarra, chillando el contenido del artículo que estoy a punto de publicar. La sensación no es agradable.  ¿Es porque tengo miedo al “qué dirán”? Seguramente, pero porque no puedo responder a cada persona que me escucha para matizar y aclarar cualquier duda o pega que le pueda surgir.

El desarrollo de software me ha enseñado que se puede aprender algo nuevo en el lugar más insospechado y que siempre hay alguien que ha hecho eso que quieres hacer tú de una manera más eficaz o elegante. Aun me queda mucho por recorrer en la vida, pero ya he podido comprobar que lo mismo se puede aplicar a la comunicación verbal (oral y escrita).

Me gustaría ser más gracioso, locuaz, inteligente y sabio pero, por ahora, esto es lo que hay. Este blog es “as good as it gets” y mientras sea solo me planteo la expectativa de que alguien me lea… ¡y de que deje un comentario, cojones!

* Esta palabra se la dedico a la RAE. Si han tenido los cojones de meter “freido” en el diccionario, seguro que a esta no le hacen ascos.

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Comentarios (2) Trackbacks (0)
  1. Fermin
    10:48 on 6 Enero 2010

    Jaja Guillermo, muy bueno el artículo, y como ruegas por un comentario, aquí te va.

    Nunca, nunca, sabes a quién puedes estar ayudando con esta entrada. Ni quién te puede estar leyendo, efectivamente. Y menos aún en qué medida te puedes estar perjudicando a ti mismo por publicarlo. Somos muchos los blogueros que tenemos la impresión de aburrir a los demás con nuestras entradas. Incluso somos capaces de escribir cosas que no diríamos en el Boulevard, efectivamente, y eso que en el Bule las palabras se las lleva el viento y esto que publicamos lo mismo ya está cacheado en los servidores de google y mil sitios más para siempre jamás. Pero, para los que me conocen y me siguen en mi blog, sirve como mínimo para que mis amigos me conozcan un poco mejor, que ahí es nada.

    Y…. tiene su punto de gracia la cosa que dentro de muchos años aquí seguirá tu entrada (si el server no cae) y, cuando la leas, tal vez te reirás porque con el tiempo vamos cambiando y tal vez no pienses lo mismo ya, y te entrarán ganas de borrar la entrada porque tal vez un puntito de vergüenza aflorará en ti, o preferirás dejarlo ahí y le añadas un comentario del estilo “yo escribí esto, ni me reconozco”. Es como un Diario, pero en público. Qué tiene de malo.

  2. Yon
    17:36 on 7 Enero 2010

    Es que la única manera de ver la cara del que te lee es aquí, en los comentarios, que la gente se olvida que existen y, sobretodo, lo importantes que son, como combustible, para el que escribe los artículos.

    Me gusta leerte, me gusta escucharte y me gusta discutir contigo (lo hecho de menos). Nos seguimos leyendo, apañero.

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