¿Timos? para curarse en salud

Tras leer en FayerWayer el artículo “Sensores infrarrojos en aeropuertos podrían detectar fiebre y evitar pandemias” no he podido evitar volver atrás en el tiempo hasta el año 2004 y recordar una “hazaña” en la que participé de manera muy activa.

La vorágine de las elecciones generales estaba siendo aderezada por una amenaza de la gripe aviar que posteriormente hemos comprobado que fue completamente exagerada.

Yo por aquella época trabajaba en una pequeña empresa compuesta por una división de dataloggers meteorológicos y por otra dedicada a la distribución de equipamiento para ensayos no destructivos. He de confesar que durante 3 años me lo pasé pipa jugando con cosas tan chulas como cámaras robotizadas, microcámaras de fibra óptica, equipamiento de ultrasonidos… hasta vendíamos una especie de  ”espectrógrafo de masas” portátil que usaba material radioactivo (parecía un phaser de Star Trek).

Sin ningún lugar a dudas, los aparatos con los que más disfruté fueron las cámaras termográficas. Sus aplicaciones en el mundo industrial son infinitas y dado que vendíamos bastantes incluso llegué a certificarme en el primer nivel de aplicación de técnicas termográficas en ensayos no destructivos.

Pues bien, a finales de 2003, llamaron del Ministerio de Sanidad y Consumo preguntando por cámaras termográficas. Tuve la suerte de atender la llamada y presentamos nuestra oferta para 14 equipos de termografía compuestos por un trípode, una cámara y un ordenador. Montante total: medio millón de euros. La idea era desplegar estos equipos de detección de síntomas febriles en los aeropuertos españoles para estudiar a los pasajeros de rutas provenientes de Asia potencialmente afectados por la gripe aviar.

Como técnica de detección es efectiva en los afectados que empiezan a presentar fiebre. La técnica consiste en medir la temperatura facial en la zona de la cuenca de los ojos. Las cámaras están programadas para disparar una “alarma” en el momento en el que registran una temperatura superior al umbral de fiebre en ese punto superficial. Aquellas personas que dispararan la alarma serían atendidas en un puesto médico del aeropuerto para confirmar o desmentir una posible afección por gripe aviar.

Durante todo el proceso de venta la urgencia ante las elecciones de febrero de 2004 se hizo muy patente. El fabricante era japonés y tuvimos problemas para suministrar semejante cantidad de equipos en tan poco tiempo pero al final lo conseguimos. Siempre recordaré aquellas reuniones con los gerifaltes de Aena en Barajas, aquel cursillo acelerado que dimos en la sala de juntas de la sede central de Ministerio ante médicos y enfermeros delegados de los 12 aeropuertos más importantes o la demo que hice en un Boeing ante 200 y pico perplejos pasajeros recién aterrizados de Thai Airlines en Barajas.

La venta se produjo (y, dicho sea de paso, no me llevé ni un duro), entregamos el material, cobramos, lo celebramos y nos olvidamos de aquello. Ahora bien, ¿qué uso se ha hecho de semejante inversión? Ya sabemos que al PP le sirvió más bien para poco, ya que perdieron las elecciones pero ¿se ha llegado a usar el equipo? ¿dónde están esas cámaras? ¿se ha llegado a prevenir algún posible contagio con ellas? Creo que como contribuyentes tenemos el derecho de conocer este tipo de información y espero que inciativas como Pro Bono Publico prosperen y avancen en este sentido por el bien de la sociedad.

Otro ¿timo? podría ser el de la compra de las famosas vacunas del H1N1. ¿Qué ha pasado con el stock de vacunas que cada país ha acumulado ante esta gran amenaza? ¿Cuántas se han distribuido y aplicado? ¿Cuánto han costado? ¿Qué riesgo hay de que caduquen o se vuelvan inservibles antes de ser usadas?

Cuando pongo “timo” entre interrogantes es precisamente porque sin datos ni estudios contrastados que informen sobre la efectividad de este tipo de medidas no se pueden sacar conclusiones (aunque el mero hecho de desconocer si todo el gasto ha servido para algo ya huele a chamusquina). También se pierde la gran oportunidad de aprender de los errores cometidos para evitar futuras cagadas que estudios como estos podrían proporcionar. En general me parece que exigimos muy poco de nuestros gobiernos en este sentido. Estas cosas no pasan factura más que en nuestros bolsillos de contribuyentes.

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Publicado el: 15 octubre 2010
Categorías: Opinión
Etiquetas: ,
Comentarios: 2 comentarios.
Comentarios
Comentario de Fermin - 15 de octubre de 2010 a las 17:02

Gracias por compartir. Como habrá silencio administrativo y últimamente tenemos tendencia a dudar de todo lo que nos cuentan (la catástrofe que se avecinaba con la gripe aviar se esfumó en la nada) más que seguramente estarás en lo cierto. Para mi el sistema de poderes públicos es equiparable a una red de suministro de agua: dependiendo de la calidad de la red, se perderá un 5% de agua o un 25%. Se asume y es así. Pero creo que un nivel de tolerancia máxima habría que establecer y mucho me temo que en este país se ha excedido.

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